Yo no extraño Guadalajara,
ni extraño los momentos que pasamos.
No extraño a la gente que dejé atrás
y mucho menos a la gente nueva.
No extraño, para nada, el clima raro
y el pésimo transporte público
Extraño su sonrisa
Extraño las risas eternas, y la compañía, antes de que todo se fuera al carajo.
Extraño el té, y esos sabores que ya no se encuentran
A los fantasmas escondidos en la presuntuosidad y lentes de pasta.
Extraño a los que les conté todo en algún momento y ya lo olvidaron.
Extraño los poemas en el pasto
y las clases sin sentido
mi cocina oliendo a intento de comida,
las películas que no veíamos.
Extraño a la oveja negra
y las noches cargadas de cerveza,
de cigarro,
y de pláticas de verdad.
Extraño tal vez un recuerdo que nunca pasó
o la infinita posibilidad de que pudiera haber pasado.
Y ese constante martillar en mi cabeza de que la estoy cagando.
No quiero extrañar una ciudad que me expulsó a la fuerza,
que me dejó sin ganas
y sin oportunidad de pararme y pelear de regreso.
Ni quiero regresar a una ciudad de fantasmas y recuerdos de cosas que se fueron hace tiempo
Y que claramente nunca volverán.
Quiero una Guadalajara con la que soñé desde que tenía 15 años.
Que no dependía de ella, ni de ella, ni de ella.
Que era olor a lluvia, a vida, a libertad.
Que era el sueño de una niña pequeña que creía en todo,
antes de que la vida le demostrara lo contrario.
Quiero un Guadalajara donde me sienta segura,
que no odie constantemente
Que no me haga refunfuñar con sus pendejadas
Que mis amigos sean mis amigos,
que mis enemigos se traguen sus palabras.
Entonces no, definitivamente no quiero extrañar Guadalajara.
ni extraño los momentos que pasamos.
No extraño a la gente que dejé atrás
y mucho menos a la gente nueva.
No extraño, para nada, el clima raro
y el pésimo transporte público
Extraño su sonrisa
Extraño las risas eternas, y la compañía, antes de que todo se fuera al carajo.
Extraño el té, y esos sabores que ya no se encuentran
A los fantasmas escondidos en la presuntuosidad y lentes de pasta.
Extraño a los que les conté todo en algún momento y ya lo olvidaron.
Extraño los poemas en el pasto
y las clases sin sentido
mi cocina oliendo a intento de comida,
las películas que no veíamos.
Extraño a la oveja negra
y las noches cargadas de cerveza,
de cigarro,
y de pláticas de verdad.
Extraño tal vez un recuerdo que nunca pasó
o la infinita posibilidad de que pudiera haber pasado.
Y ese constante martillar en mi cabeza de que la estoy cagando.
No quiero extrañar una ciudad que me expulsó a la fuerza,
que me dejó sin ganas
y sin oportunidad de pararme y pelear de regreso.
Ni quiero regresar a una ciudad de fantasmas y recuerdos de cosas que se fueron hace tiempo
Y que claramente nunca volverán.
Quiero una Guadalajara con la que soñé desde que tenía 15 años.
Que no dependía de ella, ni de ella, ni de ella.
Que era olor a lluvia, a vida, a libertad.
Que era el sueño de una niña pequeña que creía en todo,
antes de que la vida le demostrara lo contrario.
Quiero un Guadalajara donde me sienta segura,
que no odie constantemente
Que no me haga refunfuñar con sus pendejadas
Que mis amigos sean mis amigos,
que mis enemigos se traguen sus palabras.
Entonces no, definitivamente no quiero extrañar Guadalajara.
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