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Mostrando entradas de octubre, 2011

21 gramos

El día que yo me muera los circulos muy probablemente se conviertan en cuadrados los patos dejaran de cuackear, y haran ruidos cada vez mas extraños convertirse en irreales. El día que yo me muera todos van a olvidar el tiempo, el espacio. Se van a sentar en un vacio a verme perderme, olvidarme para siempre. El día que yo me muera todos van a ser muy felices. sin saber porque ni cuando perderan un cachito de razón. De un peso en el alma. Quiero un funeral feliz, con mucho alcohol y musica. con mis amigos de pasado, del presente y del futuro. Las copas arriba. El día que yo me muera, lo absurdo porfín tomara logica todo tomara forma y por un momento, el mundo podrá descansar en paz.

El abismo (3)

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Entonces la miré ¿No era acaso lo que habia estado esperando? Verla parada en ese umbral a lo desconocido, temblando, vulnerable. ¿No era yo siempre la causa de este desmadre? Sentí el aire pasar pesadamente por mis pulmones, la luz de fondo se iba desvaneciendo. La espesura de la niebla se volvia casi tangible. Sonreí. Tu mueca de terror te iba deformando lentamente ¿En que te habías convertido? Estiré la mano para intentar alcanzarte, pero retrocedí enseguida. No eras mas que un momento que hacía tiempo se había ido, ya no podía tocarte. Di media vuelta conforme nos quedábamos completamente a oscuras. Yo sonriendo, libre. Tu, te destruías implotando. Todo se apagó. El lobo abrió los ojos, el cuervo sonrió. Porfín todos podían continuar con su camino.

El cuervo vigilante (2)

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Yo que siempre lo había observado, me mantenía callado cada vez que se acercaba. Lo había visto destrozarse una y otra y otra vez. Caer contra el piso y arrepentirse. Yo cuervo vigilante lo unico que hacía era ser testigo de una masacre. Veía como aquel pobre lobo estepario se rompia en pedazos intentando recuperar algo que se había ido hace mucho tiempo. Cuando porfín lo vi pararse, secarse las lagrimas, agitar sus patas. Alejarse de aquello que le hacía daño, que lo había convertido en un mounstro. Las manchas de sangre no se iban a desvanecer tan rapidamente. Yo también podía sentir como perdía algo de peso. Ya que el lobo alcanzo el horizonte, mis alas se habían desplegado, volaba, lejos. De este bosque, de este infierno, de ella. Para seguir protegiendolo.

El lobo herido (1)

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Con las patas llenas de lodo y nieve y sangre, mire al piso. Había sido un trayecto eterno, lleno de picos y estacas. Traiciones malparidas. Estaba cansado. Del mundo, de caminar, de tí. Mi hocico cayó de peso contra el piso y mis ojos poco a poco se cerraban. Mi cuerpo, mi alma, ya no podía mas. Alcé la cabeza alerta con la oreja derecha bien levantada. Podía escuchar aun los tambores, las pisadas, los gritos de dolor. Aullé con todas las fuerzas que encontré en mi cuerpo. Aulle por mi vida, por la tuya. Por lo que habíamos perdido. Pero no quedaba nada. El silencio atronador de las afueras del bosque de cuyo nombre no quiero acordarme me confirmó que no quedaba nada. Estaba solo. Escuché las pisadas de nuevo, cada vez mas cerca, cada vez mas fuerte, mas encima de mi. Me sequé las lagrimas, mordí mi labio y volvi a dar trote con todas mis fuerzas alejandome porfín de aquel infierno nevado, tan lleno de sangre, de lodo, de recuerdos.