No voy a admitir nada, nunca.
No quiero admitir que este otro trago es por ti
Que es para olvidar que me siento así,
Que este dolor en el pecho es real.
No voy a admitir tampoco, ni siquiera ante mi misma lo mucho que me afecta,
lo mucho que me importas.
Lo mucho que me cala.
Ni siquiera que me he convertido en esa persona que espera como pendeja un mensaje.
Que revisa constantemente el celular, no vaya a ser que suene y no me de cuenta.
Tampoco te voy a confesar la verdad, y que estas lágrimas, y estos gritos y estas sonrisas, y este júbilo falso es todo un engaño, o al menos es lo que me repito a mi misma. Tiene que serlo.
Que no me muero por tocar tus manos, y sentir tu cuerpo, y besar tus labios.
Y repito en mi mente todas las veces que pude haberlo hecho, y entonces me golpeo por idiota, por pendeja, por cobarde.
Que no me da pavor si quiera pensarlo y entonces me retuerzo en mi propia ira.
No voy a admitir que esa vez fui porque quería verte.
Que no soy yo, y eres tú jugando este juego estúpido en el que ya perdí la cuenta de cuántas veces he cambiado las reglas.
No quiero admitir que lo siento, porque no estoy acostumbrada a sentirlo, y esta culpa y este dolor y esta pasión y estas sonrisas espontáneas y este constante hormigueo en mi estomago tiene que ser todo un engaño.
Un ridículo engaño de mi cabeza para recordarme que soy humana.
Un estúpido engaño de mi cabeza para hacerme creer que puedo
Que mis sueños no son ridiculos
Que se vale creer en pendejadas.
No voy a admitir nada de esto, porque si lo admito, se va a volver real. Y voy a tener que admitir que me importas, y que te quiero y que me duele, y que no quiero sentir esto.
No quiero ser humana, y no quiero ser vulnerable.
Y sobre todo, no quiero que no me quieras como yo te quiero.
Pero como no estoy admitiendo nada, no importa.
Que es para olvidar que me siento así,
Que este dolor en el pecho es real.
No voy a admitir tampoco, ni siquiera ante mi misma lo mucho que me afecta,
lo mucho que me importas.
Lo mucho que me cala.
Ni siquiera que me he convertido en esa persona que espera como pendeja un mensaje.
Que revisa constantemente el celular, no vaya a ser que suene y no me de cuenta.
Tampoco te voy a confesar la verdad, y que estas lágrimas, y estos gritos y estas sonrisas, y este júbilo falso es todo un engaño, o al menos es lo que me repito a mi misma. Tiene que serlo.
Que no me muero por tocar tus manos, y sentir tu cuerpo, y besar tus labios.
Y repito en mi mente todas las veces que pude haberlo hecho, y entonces me golpeo por idiota, por pendeja, por cobarde.
Que no me da pavor si quiera pensarlo y entonces me retuerzo en mi propia ira.
No voy a admitir que esa vez fui porque quería verte.
Que no soy yo, y eres tú jugando este juego estúpido en el que ya perdí la cuenta de cuántas veces he cambiado las reglas.
No quiero admitir que lo siento, porque no estoy acostumbrada a sentirlo, y esta culpa y este dolor y esta pasión y estas sonrisas espontáneas y este constante hormigueo en mi estomago tiene que ser todo un engaño.
Un ridículo engaño de mi cabeza para recordarme que soy humana.
Un estúpido engaño de mi cabeza para hacerme creer que puedo
Que mis sueños no son ridiculos
Que se vale creer en pendejadas.
No voy a admitir nada de esto, porque si lo admito, se va a volver real. Y voy a tener que admitir que me importas, y que te quiero y que me duele, y que no quiero sentir esto.
No quiero ser humana, y no quiero ser vulnerable.
Y sobre todo, no quiero que no me quieras como yo te quiero.
Pero como no estoy admitiendo nada, no importa.
Comentarios