El cuarto estaba vacío, desolado. Papeles tirados, la cama individual revuelta entre sabanas y ropa, cajas de pizza tiradas al rededor de el piso.
Por la ventana, un Paris nublado, Paris lugubre, Paris solo.
Él, sentado en ese escritorio de madera desgastado con las manos hundidas en su vasto cabello negro azabache, la mirada perdida en el horizonte.
Ella del otro lado de la habitación, gritaba, frunciendo el ceño, moviendose por todos lados mientras agitaba las manos. Él la miraba cansado.
Aventó la silla y salió del cuarto, el encierro lo arrastraba lentamente a la locura. Su caminar parecía casi robotico, con ese ritmo pausado y constante, y esos ojos color miel impenetrables.
Ella sonreía, estaban en un parque, mientras con las manos jugeteaba con una rosa que él le había dado. Se miraron por un momento, perdidos el uno en el otro.
La lluvia comenzó a caer por todo Paris. Él levanto la cara, solo, mientras las gotas y las lagrimas acariciaban sus mejillas buscando un refugio.
Ella estaba ahí, en las escaleras del apartamento, el bote de pastillas en el piso. Le temblaban las manos, con la mirada le pedía que la salvara.
Volvió a cerrar los ojos, mientras una punzada le recorria todo el cuerpo. Podía sentir la pesadez invadiendolo y como la lluvia cada vez se hacía mas ardiente. Agachó la cabeza y siguió caminando.
Cada vez que abría los ojos volvía a ver su mirada, su sonrisa, su cuerpo ligero paseando por todas las esquinas de a ciudad.
Inconscientemente llegó a a aquel lugar, el silencio cada vez era mas tangible, la lluvia espesa.
Se acercó despacio hasta donde ella estaba.
Con la punta de los dedos acarició su nombre, mientras él hecho un ovillo se rendía ante su recuerdo, intentando pensar que pudo haber hecho para salvarla.
Por la ventana, un Paris nublado, Paris lugubre, Paris solo.
Él, sentado en ese escritorio de madera desgastado con las manos hundidas en su vasto cabello negro azabache, la mirada perdida en el horizonte.
Ella del otro lado de la habitación, gritaba, frunciendo el ceño, moviendose por todos lados mientras agitaba las manos. Él la miraba cansado.
Aventó la silla y salió del cuarto, el encierro lo arrastraba lentamente a la locura. Su caminar parecía casi robotico, con ese ritmo pausado y constante, y esos ojos color miel impenetrables.
Ella sonreía, estaban en un parque, mientras con las manos jugeteaba con una rosa que él le había dado. Se miraron por un momento, perdidos el uno en el otro.
La lluvia comenzó a caer por todo Paris. Él levanto la cara, solo, mientras las gotas y las lagrimas acariciaban sus mejillas buscando un refugio.
Ella estaba ahí, en las escaleras del apartamento, el bote de pastillas en el piso. Le temblaban las manos, con la mirada le pedía que la salvara.
Volvió a cerrar los ojos, mientras una punzada le recorria todo el cuerpo. Podía sentir la pesadez invadiendolo y como la lluvia cada vez se hacía mas ardiente. Agachó la cabeza y siguió caminando.
Cada vez que abría los ojos volvía a ver su mirada, su sonrisa, su cuerpo ligero paseando por todas las esquinas de a ciudad.
Inconscientemente llegó a a aquel lugar, el silencio cada vez era mas tangible, la lluvia espesa.
Se acercó despacio hasta donde ella estaba.
Con la punta de los dedos acarició su nombre, mientras él hecho un ovillo se rendía ante su recuerdo, intentando pensar que pudo haber hecho para salvarla.
Comentarios
Siempre escribes cosas que me dejan con una sensación rara pero genial