El abismo (3)

Entonces la miré ¿No era acaso lo que habia estado esperando?
Verla parada en ese umbral a lo desconocido, temblando, vulnerable.
¿No era yo siempre la causa de este desmadre?
Sentí el aire pasar pesadamente por mis pulmones, la luz de fondo se iba desvaneciendo.
La espesura de la niebla se volvia casi tangible.
Sonreí.
Tu mueca de terror te iba deformando lentamente
¿En que te habías convertido?
Estiré la mano para intentar alcanzarte, pero retrocedí enseguida.
No eras mas que un momento que hacía tiempo se había ido, ya no podía tocarte.
Di media vuelta conforme nos quedábamos completamente a oscuras.
Yo sonriendo, libre. Tu, te destruías implotando.
Todo se apagó. El lobo abrió los ojos, el cuervo sonrió.
Porfín todos podían continuar con su camino.
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