Y ella se repetia constantemente mientras las manecillas del reloj giraban martillando su cabeza << Es un lunes normal, es un lunes normal. >> Volteo a ver el reloj una ultima vez.
Entre los escombros que se encontraban a sus pies había los restos de lo que podía haber sido un espejo. Los acaricio con la punta de los dedos e inevitablemente se rebano el dedo. Sonrió y tomo ese mismo trozo entre sus manos, como si de un puñal se tratara.
Otro movimiento de las manecillas del reloj y tomo su cabeza entre sus manos, apretandola todo lo que podía. El arma en alto, esperando. << Es un maldito lunes normal.>>
Un rezago de la fria soledad caló su espalda estremeciendola por completo, miró alerta a ambos lados de la estancia semi-destruida que tenía enfrente. El dolor de lo que estaba por venir la atemorizaba al punto de no permitirle mover mas alla de la orbita de los ojos.
Unas gotas nerviosas escurrieron por su frente mientras otro minuto transcurría.
Su figura se desdibujo a lo lejos, acercandose casi a rastras hasta ella. Su pulso se paralizó, su mirada se clavó en la nada y por el instante que duro se sintió mas que muerta.
La helada garra del destino comenzo a tomarla por los tobillos, aferrandose a ellos, clavando la necesidad de que esto parara. Casi podía sentir como los destrozaba.
El rostro de ella comenzo a escurrir dulces lagrimas que terminaban por caer en sus ensangrentadas manos. << Esta sangre no es mia.>> se repitió una vez mas mirandolas vacias de deseos y arrepentimientos. De vida.
En un intento de zafarse, estiró el cuello y gritó. Con todo el aire de los pulmones, con todo el dolor del alma. Un grito de guerra, de libertad, de profundo sufrimiento.
Cada vez mas, esa sensación de frio iba subiendo por su cuerpo. Su respiración se apresuraba cada vez y las gotas de sudro frio se confundian con las lagrimas que inundaban sus mejillas.
<>
Pero ya era tarde, todo era demasiado tarde.

El destino se apoderó de ella, como hacía ya años había prometido. Junto con su cuerpo y su alma, la vida que creía suya ya no le pertenecía. Era un titere mas en el juego de unos dioses a los cuales no estaba invitada a retar. Un peon, un alfil, un caballo.
Su mirada triste, el dolor de lo perdido, la resignación a lo que estaba apunto de acontecer... Su vida, ya no era suya.

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