Amnesia.

Me paré porfin la luz, los colores, el estruendoso ruido y finalmente, nada. Sali de la habitacion estressada.
-Almenos ya no me duele la cabeza
Mi cabeza daba vueltas, me encantaria poder encontrar donde acentarla de una buena vez... una suave punzada comenzo a recorrer la parte occipital de mi cerebro.
-Maldicion! -
Comence a acelerar mi paso, no queria que me agarrar desprevenida. No podia estarme pasando otra maldita vez. Sonrei con pesar al sentir como el dolor se iba acomodando en mi cerebro, "como si estuviera en casa". El dolor se volvio insoportable, podria estarme sangrando cada parte de mi cuerpo y sin embargo doleria menos que esa maldita migraña.
- Ya casi llegamos- Me intentaba convencer mientras me internaba en las pequeñas calles antes de llegar a mi hogar, hogar? casa. Pero todo era inutil, demasiado tarde... casi inevitable. Predecible completamente.
Intente abrir la puerta con un suave movimiento del picaporte. Se abrio sin necesidad de fuerza, ni un empujon ni un forcejeo. Todo adentro se encontraba a oscuras, ¿Quien podria vivir asi? ¿Donde estaria el interruptor? Deslice mi mano por una de las esquinas de la pared, eventualmente tenia que toparme con un switch o algo parecido.
No muy tarde, la luz se encendió. Una habitacion sencilla, pocos muebles unos cuadros y unas fotos. Una pareja, junta, sonriendo, viviendo.
- Se ven bastante felices, ojala asi lo fueran. - Pensé para mi misma mientras me internaba aun mas en la sala. El ambiente me resultaba extrañamente familiar sin embargo... nada. Volteé mi cabeza hacia la entrada. Su figura se dibujo entre las sombras causadas por las ultimas luces del alba, iba entrando con una sonrisa prendada a su cara. Sonrei tambien casi sin poder evitarlo. Se acercó. ¿Porque lo hacia?¿No era yo nada mas que un intrusa en su hogar? Se siguió acercandose. ¿!Porque mierdas no se detenia?! Tomo mi cara entre sus mano, sus ojos... esa dulzura la habia visto antes. Pero no, ya no reconocia al ser que se paraba ante mi.
Di un paso atras y negué con la cabeza.
- No se quien eres, no te conosco.
Una lagrima deslizo por su mejilla, que no daria por detenerla con mi propia vida para que su peso no llenara de tension el ambiente. Volteó la cara.
- Yo soy la que ya no sabe quien eres tu. - Se limpio la lagrima con toda la frialdad que fue capaz y dio media vuelta. - Puedes dormir en el sillon si te apetece, arriba ya no tienes lugar.
Subio las escaleras y se perdio dentro de la estancia, del lugar, de mi memoria de corto plazo una vez mas.
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